
Mientras algunas regiones del país lograron capitalizar el cambio en la matriz productiva nacional, Tucumán aparece entre las provincias que retrocedieron en materia de empleo privado formal. Entre diciembre de 2011 y diciembre de 2025, el distrito perdió 495 puestos registrados en el sector privado, un dato que, aunque menor en volumen frente a otras jurisdicciones, refleja un estancamiento con impacto directo sobre el desarrollo humano, la competitividad y las oportunidades de crecimiento económico de la provincia.
El contraste con otras zonas del país es contundente. En ese mismo período, Argentina apenas sumó 96.052 nuevos empleos privados registrados, una cifra modesta para 14 años de evolución. Sin embargo, más de la mitad de ese crecimiento se concentró en una sola provincia: Neuquén, que aportó el 60,8% del total nacional.
Los números, elaborados a partir de estadísticas del Ministerio de Capital Humano sobre la base del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), muestran que Neuquén pasó de 90.642 trabajadores formales en 2011 a 149.028 en 2025, con una expansión neta de 58.386 puestos.

El economista jefe de PwC Argentina, José María Segura, definió a ese fenómeno como una muestra clara del reordenamiento económico que atraviesa el país y sostuvo que “Neuquén es quizás el caso más elocuente” de esa transformación. Según precisó, la provincia patagónica “explicó el 58% del crecimiento neto del empleo privado registrado a nivel nacional”, diferencia metodológica menor respecto del 60,8% oficial, pero que confirma la misma tendencia.
Detrás de ese liderazgo aparece un motor evidente: el desarrollo de Vaca Muerta. La expansión de la producción de petróleo y gas no convencional convirtió a Neuquén en el epicentro energético del país, atrayendo inversiones y generando un efecto multiplicador sobre el empleo durante más de una década.
Para Segura, este proceso forma parte de una mutación más amplia en la economía argentina. En su análisis sostiene que “la minería, la energía —impulsada por el desarrollo de petróleo y gas no convencional—, el agro y los servicios financieros consolidan su rol como motores de actividad”, mientras sectores tradicionales vinculados al consumo interno comienzan a perder dinamismo.
Ese cambio también redibuja el mapa laboral. “El mapa del empleo se está redibujando a lo largo de la cordillera, lejos de los centros urbanos tradicionales”, advierte el economista.
Contrastes
En ese nuevo escenario, Tucumán aparece del lado de las provincias que no lograron subirse a esa transformación. Junto con la provincia del norte argentino, otras ocho jurisdicciones mostraron caídas absolutas del empleo formal: Ciudad de Buenos Aires perdió 42.941 puestos, Santa Cruz 9.020, San Luis 5.512, San Juan 5.492, Formosa 4.077, Chubut 3.513, Tierra del Fuego 2.361 y La Rioja 1.958.
El dato tucumano adquiere especial relevancia porque expone limitaciones estructurales para diversificar su matriz productiva y generar empleo de calidad. En una provincia donde buena parte de la actividad depende del sector público, del comercio y de industrias tradicionales, la falta de expansión del empleo privado implica mayores dificultades para retener talento, atraer inversiones y sostener niveles de desarrollo.
El informe también señala que la redistribución del trabajo no es neutra desde el punto de vista territorial. Las regiones vinculadas a la energía y la minería muestran menores niveles de desocupación, mientras que los conglomerados con fuerte peso industrial y de la construcción registran un “deterioro relativo”.
A esto se suman desafíos sociales. Segura advierte que el cambio de modelo productivo “implica que familias enteras consideren relocalizarse, con todo lo que eso supone en términos de arraigo, infraestructura y calidad de vida”.

Incluso en las zonas que hoy lideran el crecimiento aparecen nuevas tensiones: “las empresas enfrentan dificultades para cubrir posiciones calificadas y evalúan recurrir a trabajadores del exterior para sostener sus proyectos”, explica.
Pese a las críticas sobre la capacidad del actual esquema económico para generar empleo masivo, el economista remarca que “no debería abstraerse del análisis la creación de empleo indirecto que, por ejemplo, conlleva la construcción de infraestructura asociada”.
Finalmente, el especialista plantea que el principal desafío argentino no pasa únicamente por crear puestos de trabajo, sino por preparar a la población para ocuparlos. En ese sentido, concluye que el país “parecería tener menos un problema de empleo que un problema de empleabilidad”.
Para Tucumán, esa definición resume un desafío urgente: reconvertir su estructura productiva para no quedar relegada en una nueva economía que ya comenzó a mover el eje del desarrollo hacia otras regiones del país.